26 ene. 2009

Lost, gran estreno del primer capitulo de la quinta temporada.

Al ver el badulaque se me ha ocurrido traer algo de coco-cola para ahogar la resaca. Afortunadamente he reprimido a tiempo el impulso de coger unas galletas de camino al mostrador: al pagar he descubierto que llevaba el dinero justo: una montaña de cobre acumulada a base de muchos asaltos de madrugada a la maquina expendedora del hospital. Si pude reprimir el impulso de las galletas fue porque me acorde de que ese golpeteo insistente en el muslo era un bombon enorme. Este bombon merece un buen cafe, pense antes de bajar, pero el paquete vacio que me encontre en la nevera resulto que ya era el de la despensa, asi que me meti la bola de chocolate en el bolsillo. Al salir del badulaque, de camino al metro, he buscado un cajero y he descubierto estar rodeado por ellos, casi me da miedo. He probado uno, dos, de acera en acera, jugandome la vida en zigzag para encontrar aun otro automata temporalmente fuera de servicio. Cuando empezaba a despedirme del cafe me he dado de bruces con el forzado matrimonio de neon azul y hierro forjado que caracteriza a los edificios historicos redecorados por La Caixa. Esos cajeros sí funcionaban, y en la enorme sala que antaño acogiera recepciones de carros de caballos y joyas deslumbrantes hoy se ha producido una aparicion:
el alma de las cosas
sencillas: concierto azul celeste en si sostenido (a 4 manos)
tic, tic, tic, tic, tic...
resonando astronautico en el inmenso espacio blanco,
musica amplificada hasta el granulado, sonido puro.
Con el billete aun calentito en la mano he salido a la calle directo al bar, enfrente del metro, uno solo por favor. Y he dejado el bombon encima de la barra de madera. No, no tengo mas pequeño, acabo de sacar el billete del cajero de ahi ... Pues invita la casa, me ha dicho el camarero,
y ha sonreido mientras me acercaba el bombon a la tacita de cafe.

Por eso llego tarde, pero lo dejare en un generico lo siento para que podamos empezar ya.




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