9 nov. 2013

el gran tiburon blanco

     La sala de reuniones es inmensa. Hay una larguisima mesa ovalada donde se encuentran cada mañana los profesores, los chef de clinique, los internos, la asistente social, la supervisora de enfermeria, la psicologa y aun un par o tres mas que no tengo catalogados. Hay una mesa redonda donde se apiñan los estudiantes, una mesa auxiliar con un par de ordenadores, armarios vacios, un monton de taburetes por todas partes, una cama plegable y una cinta de running. Y hay un ricon donde nos sentamos yo y otro que viene de Rennes. Las paredes son blancas y el mobiliario de plastico, algo destartalado; pero no importa porque la sala siempre esta a media luz: la domina el proyector sobre la pared principal y un desfilar incansable de cortes magnificados de nuestros pacientes.

     Cada mañana es igual. Algunos entran con la legaña y el cafe humenate, otros llevan ya rato corriendo por los pasillos. Veinte, treinta personas, se sientan y empiezan a apuntar cosas en hojas que sacan de los bolsillos hasta que alguien, siempre el mas veterano que haya en la sala, coge una lista y empieza: Mr. N'importequoi? Y el interno de turno empieza a contar la historia de Mr. N'importequoi dando mas o menos rodeos en funcion de cuan claras tenga las cosas. Y asi, religiosamente, un paciente tras otro, siempre con el escanner correspondiente corriendo de fondo y alguna que otra interrupcion menor.

     Entonces entra el jefe, Monsieur le Professeur Jaques Belghiti. Uno lo sabe porque el silencio se hace repentinamente profundo. Y por el bigote. Alquien se levanta para dejarle su silla pero el la rechaza amablemente, coge otra y se sienta en segunda fila, al lado de la puerta. Es evidente que no le hacen falta ni un trono ni un baculo para reinar. Cuenta la leyenda que Mr. Moustache suspendio el bachillerato, que era un bala perdida. Hasta que un dia decidio convertirse en un genio y desde entonces el resto. La sesion continua pero algo ha cambiado, todo el mundo se encoge un poco y ordena sus papeles sin que haga mucha falta, solo como para apartarse del camino que en cualquier momento tomara el gran profesor. Y lo hace, en seguida, apenas le ha dado tiempo de ubicarse que ya da un respingo y corta al interno, attente, attente, y lanza una pregunta al aire que nadie parece querer recoger. El admite estos segundos de pausa, se acomoda de nuevo en la silla, se toca el pelo, corto, ralo, cano, y vuelve a la carga. Uno se da cuenta enseguida de que tiene la cabeza muy clara y los conceptos muy ordenados. Cuando alguno intenta escaparsele cierra la mano con fuerza y lo trae hacia si, apretando el puño hasta exprimir la palabra exacta. Otras veces baja la voz a media frase, cierra apenas un segundo los ojos, y uno puede imaginarselo cogiendo mentalmente carrerilla para envestir los detalles irrelevantes que se interponen entre el y el nucleo del problema. Habla con prespectiva, desde el mas alla, siempre un paso por atras y un paso por delante. Y la pregunta es sencilla, en realidad.

     Mr. Sauvenet, que tambien ostenta cargo de profesor en lo suyo, suelta alguna tonteria. A pesar de que nadie se atreve a reirse el ambiente se distiende un poco, lo suficiente para que alguien tartamude algo. Por toda respuesta Belghiti hace un ademan condescendiente y le lanza una mirada profunda, como enfadado de no oir lo que esperaba. Es severo. No es malvado, pero es severo. Finalmente pide que le coloquen una imagen concreta del escanner y suelta algo como "los pequeños no saben" (los "pequeños" no son los internos sino los otros, los que llevan años trabajando con el y han hecho cosas que la mayoria de los cirujanos del mundo no se atreveran a hacer nunca), "ellos no entienden los riesgos... te estoy preguntando a ti, Dokmak, ¿porque no lo hacemos?". Dokmak es el principe. Siempre duro como una piedra, ahora que esta acorralado pone cara de niño y empieza con una ligera sonrisa y un timido "en mi opinion...". Pero nunca acaba la frase porque el gran profesor la recoge y la termina por el: "...porque no sabemos hacerlo, esa es la razon... pero esa no deberia ser una razon". Y la sala se llena de verguenza, aun cuando nadie puede culpar a nadie por no saber hacer lo que nadie en el mundo sabe hacer. "Bref. Soy marroqui, ya lo sabeis, no puedo evitar irme por las ramas". Y cruza los brazos como dando permiso para continuar la sesion. Se aburre al cabo de un rato, o tiene otras cosas que hacer. Se levanta discretamente y desaparece pasillo abajo.

     Seguramente haya un lugar donde le llamen Jacques, o Jac, o vete tu a saber. Unas pantuflas roidas, una suegra impertinente. Me pregunto, entre otras cosas, como se siente el gran Profesor Jacques Belghiti cuando ante esa misma mirada severa su hija se encierra de un portazo en la habitacion y pone la musica a todo volumen.

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